De la representación del pueblo al pueblo como portador de la opinión pública.

Demodata.

De la representación del pueblo al pueblo como portador de la opinión pública.

1. Antecedentes de la investigación.

Recuerdo que cuando presenté mi tesis de maestría en la unam y en la universidad de Barcelona abordé el tema de la representación del pueblo en la democracia moderna. Allí en ese trabajo opuse la antítesis entre sujeto pueblo versus la multitud. La idea central era que esta antítesis estaba compuesta por dos geometrías diferentes, es decir abordé la ontología aplanada de la multitud desde una óptica espinoziana para diferenciarla respecto de la idea de sujeto pueblo como sujeto de poder anterior a la constitución del estado.

En aquella época había una limitante en la investigación, ya que estaba sujeta a los progresos que había hecho la filosofía política, de modo que no podía distinguirse aún las variedades que podemos encontrar en las denotaciones de pueblo.

Lo que hice fue reconstruir una genealogía del demos a partir de la democracia ateniense, fui persiguiendo esta idea: en donde el pueblo se constituye como sujeto de poder hasta llegar a Rousseau en donde aparece la idea de pueblo como convención, de ahí que el sujeto pueblo como poder constituyente sea la idea dominante que nosotros tenemos en la constitución de una república.

Sin embargo, los estudios que desarrolla Spinoza en su Tratado Teológico Político plantean la idea de multitud, de modo que siguiendo a Toni Negri, aparece una oposición clara entre una geometría vertical una vez constituida la república y una geometría aplanada anterior a la constitución del estado.

Hasta aquí la investigación desarrollada planteaba dos movimientos: un movimiento preconstitucional y un movimiento del aparato constituido que es el estado.

No obstante, los estudios sobre teoría constitucional de Carl Schmitt arrojaban una aportación válida en términos de la oposición entre denotación y connotación que representa la palabra pueblo, así que los resultados de investigación sobre el tema hasta ese momento eran los siguientes:

1. Diferenciar el orden de las geometrías de poder entre pueblo constituyente y pueblo constituido.

2. Evidenciar la oposición entre convención respecto de los usos lingüísticos del vocablo pueblo a nivel de la connotación y a nivel de la denotación.

3. Identificar la oposición entre representación y aclamación.

De estas tres investigaciones la que más se había trabajado era la construcción de una democracia a partir de la idea de pueblo constituido, es decir el pueblo sujeto de renovación de autoridad política. Hasta allí la filosofía política había arrojado luz sobre los problemas de consenso, conflicto, disenso y unidad política, es decir que se obviaba la idea de sujeto constituyente y su estatus ontológico, esta interpretación dominó las discusiones de finales del siglo XX, sobre todo las posturas de Sartori que combatía a los estados autoritarios y a las dictaduras.

Sartori quería convencernos de que la idea de pueblo como sujeto de renovación política es exclusiva de la democracia, por su parte Toni Negri, desde la izquierda, proponía a principios del siglo XXI la idea en la que el sujeto constituyente llamado pueblo no solamente tenía una geometría de poder vertical sino que ante esta figura geométrica de los constitucionalistas norteamericanos y franceses ya se advertía en Spinosa una geometría aplanada que se identificaba con la multitud como un sujeto que se extiende o expande (como la sustancia de Spinoza) hasta donde su poder lo permite, de modo que la discusión para Sartori se encontraba al interior del estado constituido, mientras que para Toni Negri se encontraba anterior a la constitución del estado. Lo que no advirtieron estos teóricos fue que a partir de los usos del lenguaje se puede diversificar la oposición entre la representación del pueblo y la presencia inmediata del pueblo con capacidad de renovación y revocación de la autoridad política.

La genealogía que yo presenté acerca de la representación del pueblo y la presencia del pueblo con capacidad de renovación de autoridad y revocación de mandato público consistía en que sus orígenes aparecían desde los griegos, dando preferencia a la presencia personal para la renovación de autoridad; mientras que el término representación emerge en la edad media y su evolución concluye en la democracia representativa con autores que apoyan la idea de la representación, como es el caso de Siyes y autores que no están a favor de una democracia representativa, como es el caso de Tocqueville y desde luego Marx.

Así que la idea de representación como la de la unidad inmediatamente reunida del pueblo consigo mismo para la renovación de autoridad política atravesaba la historia de la democracia.

La limitante de esta investigación consistía hasta entonces en que el desarrollo de conceptos que permitieran un nuevo enfoque teórico estaba limitado por estudios interdisciplinarios. No había una ontología que superará la separación entre representación política y la unidad del pueblo consigo mismo, si acaso se señalaba su geometría de poder político una vertical y otra aplanada, también había un uso ideológico entre el pueblo como poder constituyente y el pueblo como poder constituido, es decir se trazaba un canon, un límite entre lo constitucionalmente admisible y un poder constituyente fundamentalmente convencional. Este obstáculo epistémico tendría que ser superado desde los usos del lenguaje en un escenario de redes tecnológicas para referirnos a la palabra pueblo conformada por una nueva experiencia de aprobación, rechazo, consenso, aclamación y ovación.

Al respecto, se puede decir que Carl Smith dejó la puerta abierta hacía nuevas investigaciones, es decir hay usos del lenguaje que nos permiten plantear una práctica política en lo que nosotros denominamos pueblo: no a partir de una constitución, tampoco de los usos lingüísticos de un líder político carismático y por supuesto tampoco a partir de un uso ideológico de la palabra pueblo, hasta en tanto no se desarrollaran los estudios transdisciplinarios para encontrar prácticas políticas que rompieran la barrera epistemológica que habían trazado tanto la filosofía política, la teoría del derecho constitucional y por supuesto el uso ideológico de las izquierdas y las derechas en la actividad política para obtener rentabilidad en las urnas.

2. El obstáculo epistémico.

La representación política proviene del derecho medieval, (Cf, Max Weber, 2002 p. 1049) en la que se indicaba el paso de alguna atribución de un religioso al estado secular, representando en esta transferencia la personalidad de su comitente como era el papa, de modo que la misma personalidad del cometido del funcionario se borraba en el acto mismo de la comisión.

Esta idea de borrar la presencia misma mediante la representación tuvo sin duda sus partidarios y sus rebeldes teóricos al inicio de la modernidad, entre estos últimos se encuentra Rousseau, quien decía que la idea de los representantes “(…) procede del gobierno feudal de ese inicuo y absurdo gobierno en el cual la especie humana se ha degradado y en la cual el nombre del hombre (su presencia personal) ha sido deshonrado” (Contrato social, lib. III, cap. XV) por eso tiene que estar representada.

Políticamente, la presencia personal de los hombres podía ser representada, pero también cualquier tipo de congregación o unidad política como lo era el pueblo. Lo que se representaba del pueblo inmediatamente presente era su sustancia de unidad, para decirlo en estos términos, se transustanciaba al pueblo vivo inmediatamente presente por la representación de pueblo, es decir, la representación de su unidad política.

Carl Schmitt (1966, p. 242) señala que la representación política surgida por lo que a partir del siglo XVIII es denominado pueblo, se basa en la construcción racional que sustituye a los individuos vivos inmediatamente reunidos —en tanto sujeto capaz de acción política-, por un fundamento que deviene existencia, esto es, el pueblo representado consiste en “(…) hacer perceptible y actualizar un ser imperceptible mediante un ser de presencia pública. La dialéctica del concepto descansa en que se supone como presente lo imperceptible, al mismo tiempo que se hace presente.”

Hasta aquí, la filosofía política apuntaba hacia la dirección de una sociología funcional estructuralista que define a la democracia en términos de función y eficacia, como lo sugiere Sartori (2001, 21-40) quien sostenía que la democracia moderna es operativa, pero ante todo es eficaz en el manejo de representar los conflictos de la sociedad civil.

El problema de la perspectiva funcionalista consiste en que las estructuras políticas que describe son verticales, imperceptibles a la evolución de las practicas sociales y de reacuñación del lenguaje, en este caso, político.

Volviendo a la teoría constitucional de Carl Schmitt, se advierte que no plantea en su teoría constitucional la distinción entre connotación y denotación, de modo que tuve que acudir a James Mill que permite decir, en su Lógica, que el pueblo no connota el modo mediante el cual un nombre concreto general sirve para designar los atributos implícitos en su significado, más bien la palabra pueblo es de uso denotativo en tanto que no expresa el objeto limitado al que se refiere su significado.

Así, la teoría constitucional de Schmitt restringe al sujeto del poder específicamente en la conformación del Estado. Para él Estado es un determinado estatus de un pueblo y, por tanto, el status de una unidad política. “Forma política es la manera especial de conformación de esa unidad. Sujeto de toda determinación conceptual del Estado es el pueblo.” (1966, p. 13).

Esta determinación conceptual permite establecer la diferencia de los usos del concepto pueblo con los que opera su teoría del Derecho:

1. Pueblo como magnitud (masa) no formada, no regulada por ley constitucional;

2. Pueblo como sujeto del poder constituyente;

3. Pueblo como portador de la opinión pública y sujeto de aclamaciones;

4. Pueblo como entidad organizada y formada por ley constitucional para un procedimiento de elección y votación;

5. Pueblo=población;

6. Pueblo en tanto todos los súbditos o ciudadanos del Estado;

7. Pueblo como aquellos que no gobiernan o no son autoridades y

8. Pueblo=Nación=Estado.

De esta distinción, desarrollé en mi tesis de maestría las denotaciones 2 y 4, encontrando las barreras epistémicas de la democracia representativa moderna, es decir no había una nueva experiencia que contradijera a la experiencia vigente sino que la discusión en torno a la democracia funcionalista se había estancado, se había vuelto reaccionaria con Sartori, de modo que concluí la tesis con la idea marxiana sobre el movimiento de lo real, que significa en otras palabras, que hasta que la democracia no desarrollará por sí misma nuevas prácticas de comunicación política en torno al consenso, disenso, aclamación y ovación no podía superarse las barreras del despotismo de los representantes y una aristocracia política que había sido la crítica constante de la democracia directa desde Rousseau, pasando por Tocqueville, los revolucionarios franceses hasta Marx y los comunistas.  

3. El nuevo paradigma del sujeto pueblo en las redes sociales.

Tocqueville es el primer crítico liberal que se opone al establecimiento un despotismo de elegidos, es decir de los representantes y de una aristocracia política, al respecto dice que la construcción de la opinión pública depende de un sujeto político como podría ser: “(. . . ) Una asociación política, industrial, comercial o bien científica o literaria, es un ciudadano ilustrado y poderoso que no se puede sujetar a voluntad ni oprimir en las tinieblas, y que, al defender sus derechos particulares contra las exigencias del poder [político], salva las libertades comunes.”( p. 736.) La creación de un contrapeso desde la sociedad civil permitía la visión de una opinión pública diferente al pueble debido a su postura ilustrada que se movía en las denotaciones 1, 4, 5,6,7 y 8, válidas hasta ahora.

Marx, por el contrario, observa cuidadosamente el inicio y desarrollo de la denotación 3 tanto en La guerra civil de Francia y sobre todo en el 18 brumario.

Los demócratas reconocen que tienen enfrente a una clase privilegiada, pero ellos, con todo el resto de la nación que los circunda, forman el pueblo. Lo que ellos representan son los derechos del pueblo, lo que los interesa, es el interés del pueblo. Por eso, cuando se prepara una lucha, no necesitan examinar los intereses y las posiciones de las distintas clases. No necesitan ponderar con demasiada escrupulosidad sus propios medios. No tienen más que dar la señal, para que el pueblo, con todos sus recursos inagotables, caiga sobre los opresores. Y si, al poner en práctica la cosa, sus intereses resultan no interesar y su poder ser impotencia, la culpa la tienen los sofistas perniciosos, que escinden al pueblo indivisible en varios campos enemigos, o el ejército, demasiado embrutecido y cegado para ver en los fines puros de la democracia lo mejor para él, o bien ha fracasado todo por un detalle de ejecución, o ha surgido una casualidad imprevista que ha malogrado la partida por esta vez. En todo caso, el demócrata sale de la derrota más ignominiosa tan inmaculado como inocente entró en ella, con la convicción readquirida de que tiene necesariamente que vencer, no de que él mismo y su partido tienen que abandonar la vieja posición, sino de que, por el contrario, son las condiciones las que tienen que madurar para ponerse a tono con él. (1986, p. 487)

Para Marx el pueblo es más que una invención jurídica o una fórmula política para enjaular un poder queda constituciones, más bien el poder del pueblo en la democracia se da a nivel del consentimiento, la desaprobación, la ovación y la aclamación que es aprovechada por una determinada clase que apela al pueblo para defender sus intereses al hacerlos pasar como intereses generales o intereses que suponen la aprobación de un sector determinado del pueblo según las definiciones 1, 4, 5,6,7 y 8.

En otras palabras, Marx se opone a la visión estratégica de utilizar y formular al pueblo como un recurso para medir fuerzas tanto en una elección de renovación de autoridad, en una lucha de clases y por supuesto en una revolución.

Lo que está en cuestión en la formulación del pueblo como sujeto de opinión pública es que Marx anticipa una crítica en la democracia moderna, la cual consiste en que el pueblo como una entidad jurídica para la renovación de autoridad ese lugar o el locus en donde se intercambian las posiciones políticas en función de una estrategia electoral, a esto le solía llamar Marx dictadura de la democracia entendida como una dictadura de los representantes que gobiernan a partir de esta estructura en donde la aprobación y por supuesto el consentimiento de una política específica define el rumbo de una clase en el poder.

El compromiso político en donde el ciudadano entendido como pueblo con capacidad jurídica para la renovación de la autoridad que aprueba o desaprueba en una elección directa a un determinado grupo político es cuestionado por Marx al señalar que lo único que se intercambian son posiciones del electorado, anulando con ello la fuerza viva que contiene el pueblo como sujeto de opinión ya que la estrategia política sugiere que sólo se acepte al pueblo como una magnitud jurídica que decide votaciones y no así su presencia viva en el reclamo, disenso, repudio, emociones y sentimientos hacia los representantes o hacia una aristocracia en el poder en específico que gobierna mediante una estrategia electoral, esto es: que el pueblo como una entidad jurídica para la renovación de autoridad pierde fuerza en el instante de la votación para la que fue convocado, de modo que apela a la idea de un pueblo vivo que mediante sus emociones y sentimientos desacredita a los representantes y por supuesto a los intereses políticos de la clase en el poder.

Esta idea la recoge Karatani (2011) en la figura de la repetición de la historia rastreando la formulación teórica temprana del estado de Marx, siguiendo un estudio de las crisis violentas a medida que se repiten después de grandes transiciones de poder, desarrollando su teoría de la repetición histórica en donde la estructura del estado democrático no ha cambiado en lo que se refiere a la construcción de mayorías que intercambian electorado, sino todo lo contrario forman parte de una repetición de la historia entendida como un ciclo de aprobación seguida de un ciclo de disenso. Una especie de cicloidía neurótica con la que nos ubicamos en la historia de la democracia contemporánea.

Para hacer un parangón de la vigencia entre Tocqueville y Marx respecto a la idea de pueblo como sujeto de opinión pública es que Tocqueville entrega  la opinión pública a las corporaciones que depositan sus emociones y sentimientos como sentimientos generales o del pueblo, su perspectiva cultural como la perspectiva oficial del pueblo sujeto de aclamación, ovación y repudio, mientras que Marx, el pueblo con sus diversos intereses se encuentra presente en cuanto opinión de emociones y sentimientos fundamentalmente de polarización, porque al sujeto que se refiere es un sujeto de lucha anterior a un tipo de racionalidad instrumental, más bien se refiere a sujeto de doxa al que rehúye la filosofía política.

Ha habido una discriminación injustificada por parte de la filosofía política al referirse al sujeto pueblo portador de opinión pública con capacidad de aclamación, ovación, emociones y sentimientos. Platón le llamaba animal polícromo, Maquiavelo le decía la turba malvada y Spinoza lo identificaba con la multitud como sustancia de poder que se extiende y se contrae, según su poder.

Gracias al paradigma tecnodigital esta visión negativa está cambiando las perspectivas en la sociología y por su puesto en nuevos enfoques filosóficos acerca del poder, el empoderamiento y la apoderación. El hecho es que la denotación que deja abierta Carl Schmitt en el punto 3. Pueblo como portador de la opinión pública y sujeto de aclamaciones es justificada por una nueva experiencia en donde no aparece, el rey, la ley y las corporaciones para enfocar las emociones y sentimientos de un sujeto pueblo que se construye así mismo una opinión pública.

Esta nueva experiencia que le dice no a la experiencia pretérita está surgiendo a partir de las redes sociales en donde se puede medir, a partir de opiniones, la emoción o sentimiento de aprobación, aclamación, ovación, repudio, rechazo, así como la definición moral y ética del actuar político que anteriormente estaba mediada por la opinión pública surgida desde las corporaciones.

En los estados monárquicos la aclamación y la ovación se pueden comprar y esto genera un tipo de consentimiento a favor de la monarquía, en el caso de un ejecutivo federal también se puede comprar la aclamación y la ovación pero está mediada por la opinión pública de las corporaciones, en el caso de la repúblicas latinoamericanas la aclamación y la ovación se da a través de programas sociales en donde el ejecutivo puede comprar un tipo de ovación que le favorezca, lo mismo en los eventos públicos se puede adquirir por compra o incluso vender un tipo de ovación que se requiere para dar a conocer una política pública, una campaña electoral o para posicionar a un candidato en contienda electoral, por el contrario el paradigma tecno digital sugiere que ese pueblo con capacidad de opinión pública ya no está a la venta, ya no se puede comprar fácilmente a la ovación, lo mismo que la aclamación requiere ser mediada pero por la profundidad de las emociones y los sentimientos que crea un político carismático, un partido político, una aristocracia política, las corporaciones y hasta los bancos de terciarización que no habían sido cuestionados por un pueblo compuesto de singularidades instaladas en una red social pierden aprobación social.

Visto así el asunto, el nuevo paradigma el sujeto pueblo portador de opinión pública tiene una emergencia en la cual el consentimiento, así como el disenso ya no es exclusivo ni de la opinión de la aristocracia política como tampoco lo es de la opinión de las corporaciones, sino que ahora se construye la opinión desde los sentimientos y emociones desde un mundo virtual que da nuevos contornos a la aprobación y rechazo que definen nuevos enfoques en el actuar de la vida pública.

4. Algunas consideraciones de la datocracia.

Antes de abordar algunas consideraciones de la datocracia, veamos algunos conceptos de realidad para deducir el espacio de la opinión pública en las redes sociales. Para Compton y Guillen (2016, págs. 62-63) la naturaleza de la realidad se puede dividir en los siguientes niveles de realidad.

  1. Realidad primera o física, fundamental o material, la constituida por todo lo que existe en el universo, incluidos nosotros. La realidad se corresponde a las leyes de la física, basadas en la verdad matemática. Pero nada nos dice sobre la realidad subjetiva de la mente humana, porque aún ni nos acercamos siquiera a una teoría general de la mente y de la consciencia
  2. Realidad segunda del mundo de las ideas, del pensamiento y de las teorías. Formada por las ideas, los sueños, los pensamientos, las teorías, los números y las matemáticas, que parecía ser distinta o distanciada de la realidad material
  3. Realidad terciaria o de la religión, de los dioses y divinidades que incluye a la realidad virtual, donde las máquinas toman el lugar de los dioses o el misticismo. Incluye la de la continuidad de la vida en un mundo espiritual, no material, pero con aparentemente consistencia física, como son los paraísos e infiernos de las diversas religiones y esa existencia de lo no existente en la primera realidad que ha llegado a ser tan poderosa provocando millones de muertes y torturas siguiendo al Dios verdadero, desde el punto de vista de las creencias de las distintas comunidades religiosas
  4. Realidad paralela, como en la meditación o en la enfermedad mental. A partir de la tercera realidad, se empezó a elucubrar que la realidad primera o material no existía. Hoy existe una realidad ficticia tan fuerte que parece ser efectivamente material: la realidad en el mundo virtual de las máquinas, idea que tiene muchos seguidores en la actualidad, al menos como posibilidad tecnológica en el futuro.

Haciendo un parangón podemos decir que anteriormente era la cultura alfabetizada quien ordenaba a la realidad del primer plano (Pinker, 2007, págs. 15-45) era la escritura en oposición a la oralidad. Por el contrario, ahora en la cultura del BigData quien tiene la pretensión de ordenar a la realidad del primer plano es la realidad virtual. Es la regencia de la virtualidad sobre el reino de la oralidad la que ha desplazado a la alfabetización de la palabra referente; esto se debe a que los planos de realidad, aquí sugeridos, conforman un caleidoscopio mediante el cual interpretamos nuestras creencias verosímiles e inverosímiles para mentar lo real.

La connotación del pueblo con capacidad de opinión pública y sujeto de aclamación emerge desde el BigData, de la realidad paralela de las máquinas tecnológicas, esta emergencia se puede entender desde la datocracia, que ha sido documentada por los organismos públicos, pero que aún sigue presentando áreas oscuras ya que una gran cantidad de datos están administrados por las corporaciones que orientan prácticas con fines de lucro o fines que desconocemos, lo mismo que los datos manejados por los estados y los organismos supraestatales.

Rosales (2021, págs. 57-65) trata de crear una conciencia sobre la protección, uso y manejo de datos a partir de prácticas sagaces de parte de las corporaciones y los gobiernos, es decir intenta infundir la conciencia de una especie de soberanía de datos en la que los ciudadanos tendrían derecho al manejo ético de datos, cifras, tendencias de comportamiento de información contenida en la BigData.

Sugerimos seguir los planteamientos propuestos por Rosales no sin antes advertir la distinción técnico-política que alberga el diseño de prácticas sagaces instrumentadas por las corporaciones, las organizaciones supraestatales y los estados nacionales.

La datocracia se mueve actualmente en un nivel técnico-político en donde cabe la distinción de los arcana (Schmitt, ) entendidos como secretos: existe el arcana imperi (secretos para gobernar) y arcana dominationi (secretos de profesión), ambos arcanas no se excluyen en un tipo de práctica como puede ser la profesión de un abogado que sabe cómo tratar a su cliente, lidiar con los jueces y las autoridades judiciales. Lo mismo vale para un gobernante, un funcionario y un inversionista de una grandes coorporaciones en donde los procedimientos éticos, morales y legales se han suspendido en función de medios que justifican los fines. Lo que predomina es el cálculo, el interés y la utilidad ya que se supone un escenario egoísta, individualista de competencia y desventaja frente al adversario o enemigo que también juega reglas arteras y letales que dejan fuera a los más débiles.  

A continuación sintetizaremos los rasgos característicos de la datocracia como lo muestra la siguiente tabla:

Tabla 1
Consideraciones acerca de la datocracia
Datocracia sagazSe integran a grandes bases de datos, muchas de ellas accesibles a múltiples actores, al tiempo que la capacidad de analizarlos y utilizarlos se convierte en una poderosa herramienta para cumplir objetivos organizacionales o comunitarios. Gobiernos, organizaciones sociales y corporaciones los usan para monitorear el entorno, tomar decisiones informadas y cumplir sus fines, algunos de ellos en beneficio de la sociedad mientras que otros son en beneficio propio.
Datocracia transparenteLos gobiernos buscan poner a disposición de personas y organizaciones muchos de estos datos no solo como mecanismo de rendición de cuentas, sino como herramienta para potencial aprovechamiento individual o para generación de soluciones públicas.
Datocracia reguladoraCalibrar las preferencias y expectativas de los usuarios y tomar decisiones con mejor tino político para manipular a la ciudadanía o detectar probables brotes de inconformidad y atajarlos de formas no necesariamente lícitas, otros atajan opositores detectando patrones de comportamiento y algunos más diseñan nuevas regulaciones sobre datos autónomos, robots, plataformas sociales, de transporte o de hospedaje, a partir de los propios datos generados
Datocracia invasivaHay información de millones de personas, aparatos y organizaciones sobre hábitos de consumo, características, físicas, preferencias, localización geográfica e incluso de reacciones fisiológicas o neuronales. La identidad es portátil y por lo tanto extraíble. Por eso no es extraño que uno de los temas centrales de los debates alrededor de la tecnología sea el de uso de datos personales. A la vez, los gobiernos más eficaces y las grandes corporaciones buscan acopiar la mayor cantidad de datos posibles e invierten grandes cantidades de recursos en sistematizarlos y darles uso. Las cámaras y lentes de reconocimiento facial, los programas de Inteligencia Artificial que detectan estados de ánimo de obreros o estudiantes y la propaganda política diseñada a partir de las opiniones que expresamos en redes son una muestra de esta privacidad violada. Determinados datos puedan ser no solo extraídos sino modificados para generar daños públicos
Escenarios futurosLos gobiernos y las grandes corporaciones tienen herramientas para analizarlas, tomar decisiones ágiles y utilizarlas para el cumplimiento de sus objetivos, no siempre a favor de la sociedad. Dichas corporaciones tienen acceso a datos biométricos, psicológicos y de comportamiento de los individuos, permite su uso predictivo, la información individual se usa para fines de control político, manipulación ideológica, mercadotecnia y comisión de delitos.
DesafíosIndispensable construir figuras legales que permitan agilidad y responsabilidad en la toma de decisiones sobre la materia, adquirir conciencia de la accesibilidad de sus datos personales por parte de múltiples entidades, grado de transparencia que desean y buscar medios activos para conseguirlo. Las comunidades deberán crear espacios de debate responsable sobre los alcances, riesgos y desafíos de oportunidades del uso de grandes bases de datos.  
Fuente: Rosales, E (2021). Tendencias globales 2025, CUCEA, págs. 57-65.

Suponer que la sociedad o bien se beneficia o lo contrario se vulnera a partir de prácticas cuestionables, como lo propone el autor, significa que no realiza una crítica en contra del estado, de los organismos supraestatales y por su puesto de las grandes corporaciones. No es suficiente señalar que la lucha por la apoderación de bases de datos, por parte de los tres sectores antes mencionados, no resuelve los problemas de soberanía de datos, pues como todos los problemas de soberanía dependen de las posiciones ideológicas de los gobernantes, hasta en tanto no sea parte del derecho internacional convencional el respeto irrestricto de la soberanía de datos de las naciones.

Lo que ha sucedido hasta ahora es que agentes tecnológicos, a veces singulares o equipos de tecnólogos multidisciplinarios practican agencia de auto-autoría en donde trabajan en la construcción de un sujeto político a partir de la recolección de opiniones, emociones, sentimientos que implican el constructo virtual del pueblo con capacidad de opinión pública como contrapeso a la apoderación de datos e información de los gobiernos y las grandes corporaciones creando un nuevo enfoque democrático basado en la réplica y redirección de la conducta de los políticos y los empresarios.  

5. Los escenarios del pueblo virtual con capacidad de opinión pública y de ovación.

Este sujeto virtual con capacidad de opinión pública, no es un pueblo inmediatamente reunido, pero tampoco es representación de la presencia personal, se compone más bien de opiniones que no solamente están basadas en creencias, inferencias, deducciones, analogías, es decir no es un pueblo ilustrado como lo sería el sujeto ilustrado de la opinión pública de las corporaciones que conocemos como medios de comunicación tradicional, en donde el guion se ajusta a una política editorial, donde predominan las figuras retóricas como la ironía, el oxímoron, el anagrama, la sinécdoque, la analogía, etc., para comunicar la opinión creada, más bien es un pueblo en cuanto red virtual compuesto de singularidades que expresan sus vivencias en forma de doxa emotiva, sentimental, polarizante, instintiva para ser parte del relato de la réplica con mesura y desmedida. En donde la ovación y la aclamación conforman la aprobación sin que medie necesariamente una economía de la dádiva, del don, del regalo o del sacrificio como lo hacía el rey en los regímenes monárquicos.  

Ahora el ejecutivo -sea federal o de una gran corporación- puede pagar la ovación o la aclamación para mejorar su imagen, ya sea por medio de programas públicos o mediante la coacción directiva sin lograrlo del todo, pues los escenarios públicos ahora son escenarios virtuales, organizados por las máquinas digitales que han puesto una realidad parecida a la de los dioses donde participan las emociones profundas del espectador sin necesidad de ningún contacto o relación real con el replicante.         

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